Si algo nos enseñada la experencia es que, el Aparejador director de la ejecución de una obra, ha de estar especialmente diplomado en el arte de buscar y encontrar soluciones... Soluciones que en la mayoría de las ocasiones han de ser rápidas, coherentes, sencillas, de fácil ejecución, y sobretodo; cómo no, económicas.
Esta cuestión no viene explicada en los libros, y es por ello que cada vez que aparece el problema, y se plantea y resuelve eficazmente la solución, el jefe de la obra; en ocasiones un Aparejador, otras un Arquitecto o un Ingeniero, y otras, un equipo formado por todos ellos, se convierte en un pilar fundamental en la compleja tarea de desarrollar la ejecución de una obra.
Se trataba de un muro de piedra, a penas sin materal de agarre, que descansaba sobre un encachado de piedra cuyo espesor superaba en unos 10-20 cm al del muro.
Al tratarse de un edificio con menos fachada que fondo, las viviendas estaban distribuidas en 'tubo', por lo que las dimensiones a lo ancho estaban más que ajustadas a los mínimos exigibles en lo que se refiere a distribución interior de viviendas y plazas de garaje, quedando así anulada la posibilidad de prescindir de dichos centímetros.
Como de soluciones debe estar sembrada nuestra labor, se decidió algo que a voz de pronto pudo parecer una barbaridad por lo laborioso de su ejecución, pero que en realidad, solucionaba definitivamente el problema que nos suponía la imposibildad de reducir ni un solo cm más las dimensiones a lo ancho del edificio.
Como se puede observar, la solución fué rebajarle al terreno, a la cimentación y al muro de piedra, los 20 cm de nuestra propiedad sólo en aquellas zonas donde correspondían elementos estructurales (muros de sótano, pilares, rampas y/o forjados) protegiendo con malla metálica recibida con pasta de yeso aquellos puntos donde se consideraba posible y peligrosa la caída de piedras sueltas sobre los trabajadores que estaban ejecutando los bataches.
Se trata de una solución laboriosa, que no difícil. Al mismo tiempo que se excavaba un batache, se picaba en el muro el tramo correspondiente a la zona de anclaje de los pilares de planta baja para dejar paso a las armaduras de espera.
Tras estar ejecutados los muros de las dos plantas de sótano, se cajearon por completo los pilares de la planta baja y se hormigonaron, posteriormente se hizo lo mismo con el canto del forjado, y por último, se cajearon los pilares de la primera planta, siendo a esta altura donde se superaba la cota del edificio medianero y siendo aquí donde hubo que picar con especial cuidado los puntos donde los pilares podían alterar la cumbrera del tejado medianero.
En fin, soluciones hay tantas como problemas pueden llegar a presentarse durante el proceso de la obra, lo verdaderamente interesante (y hasta emocionante y satisfactorio para quienes nos apasiona el proceso de ejecución a pie de obra) es poder plantear, planificar, desarrollar e implantar; junto con el resto del equipo de técnicos de la obra, la solución que mejor combine todos los factores que la condicionan; tales como los medios y equipos de los que se dispone, las exigencias técnicas que plantea, las circunstancias que lo rodean, el tiempo del que se dispone, el número de operarios, las medidas de seguridad exigibles y cómo no, la economía de los materiales y medios utilizados.
En este caso, resultó seriamente delicado picar un muro que estaba y debería continuar en servicio, pero ejecutado con prudencia y siguiendo las medidas de seguridad necesarias, valió la pena poder salvar el diseño inicial del edificio, que en caso contrario hubiese tenido muy difícil solución.

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1 comentario:
Buena solución, aunque muy trabajosa y arriesgada. Sin embargo, en casos muy extremos, no está de más contar con esta opción que planteas. Un saludo
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