Dejar los trabajos de hormigonado para el final del día es práctica habitual, para aprovechar el tiempo de la noche o del fin de semana como tiempo de secado del hormigón.
Sin embargo, dejamos la obra sola (cuando no existe vigilancia de seguridad) en un momento delicado, ya que el fraguado y endurecimiento del hormigón depende del efectivo estado inalterable de los encofrados.
Cuando se encofran y hormigonan los pilares de planta baja, que suelen ser más altos que en el resto de las plantas, se han de apuntalar para evitar posibles desplomes durante el proceso de endurecimiento.
Si tenemos la mala suerte de ser objeto de bandalismo nocturno, y alguien se ha dedicado a patalear los puntales exteriores que son los que fijan la parte alta de los pilares, se puede llegar a echar por tierra el trabajo de toda una tarde de trabajos de replanteo, encofrado, hormigonado, aplomado y apuntalado:
A todo ello hay que añadirle el tiempo de derribo de los pilares, retirada de escombros, pedir de nuevo la armadura y... vuelta a repetir los trabajos.
Sin embargo, la pérdida de tiempo y las consecuentes prisas que esto genera, no han de ser excusa para olvidar los preceptos y realizar estas tareas de cualquier manera.
Una correcta demolición de pilares supone aún más medidas de seguridad, si cabe, que su ejecución.
En primer lugar, y antes de realizar ningún otro trabajo, se ha de asegurar la resistencia del elemento con alguna sujección que garantice su inalterabilidad una vez eliminada su base resistente.
Esto no suele realizarse en demolición común, pero en este caso, ya que contábamos con una grúa, aseguramos los trabajos sujetando el elemento con eslingas (Esto ahorra la necesidad de derribar el pilar en dos veces debido a su esbeltez).Una correcta demolición de un pilar esbelto sin sujección del elemento total, supondría atacar su mitad para eliminar la parte superior, y luego la base del tramo inferior.
En este caso, al contar con un sistema de sujección que va a evitar su desplome espontáneo, se ataca directamente la base en toda su altura de anclaje hasta desnudar la armadura del pilar y la de espera (unos 0,70-1,00 m), dejando la armadura de espera liberada.
Esto plantea dos nuevos problemas con los trabajadores:
Uno de ellos es la posible propuesta de poner a un operario a picar el pilar para poder reutilizar las armaduras... (Economizar, prisas, aprovechar...) Da igual la excusa, es innegociable... NO.
El segundo es que las armaduras de espera también han sido seriamente dañadas por el picado y retorcido generado al inclinarse el pilar por su propio peso durante la demolición de la base, además, están totalmente impregnadas de cemento...La primera parte de la solución es limpiarlas perfectamente y mantenerlas, pues son las que nos garantizan el anclaje con el forjado y pilar inferior, pero por sí solas, ya no garantizan la total adherencia al nuevo hormigón...
No estaría de más taladrar unas barras nuevas con longitud de anclaje y diámetros equivalente que además, habrán de verse solapadas a nuevas barras añadidas al pilar, garantizando así la adherencia al hormigón y con ello, el correcto solape con el nuevo pilar y continuidad con el resto de la estructura.
Con relación al tema, un buen libro de Derribos; claro, sencillo y muy completo.
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