La fase de movimiento de tierras de una obra con uno o varios sótanos resulta en cualquier caso, sumamente delicada. Generalmente, desde antes del comienzo, se conocen a través del proyecto y del estudio geotécnico las dificultades y posibles riesgos que se nos van a poder presentar, para con ello, poder tomar todas las todas las medidas preventivas oportunas. Puede pasar, y de hecho, pasa muy a menudo que se subestimen estos riesgos.
En este caso me referíré a la persencia de un nivel freático muy elevado, aun cuando se trate de una excavación para sótano de apenas tres metros de profundidad.
En esta obra, se sabía que casi con toda seguridad aparecería agua durante la excavación, pero como casi siempre, el exceso de confianza por la poca entidad de la obra, la ausencia de edificios medianeros y las omnipresentes prisas, aun cuando los técnicos recomendábamos batachear, resultaron razones sobradas para finalmente concluir que se excavaba a 'pelo' y si se percibía peligro, pues ya se vería...
¡¡¡ERROR!!!
Cuando se discute con la propiedad al respecto de cómo llevar a cabo un trabajo, todo lo que suponga posponer las medidas de seguridad hasta el momento en que 'veamos que puede resultar peligroso', significa que la obra se va a realizar en su totalidad sin bataches, ya que para cuando se vea venir el peligro, (que será cuando pase algo), entonces el argumento será, que 'Ya no vale la pena... ahora lo importante es terminar cuanto antes'.
Pues bien, esto es lo que ocurre en estos casos...
Se trataba de un terreno aun más humedecido de lo que se esperaba, que además, contaba con el añadido de humedad que aportaba una fuga en las instalaciones de suministro de agua. Vamos, que el terreno estaba empapado.
¿Consecuencias? Desplome de la acera, las instalaciones urbanas; agua, iluminación, desgarro y hundimiento del asfalto, caída de la farola de alumbrado público...
Os aseguro que resulta más barato hacer las cosas bien. Y todo ello sin mencionar los riesgos innecesarios que ha de correr el personal de la obra.
En este caso, y por suerte, se trata de una obra de poca entidad que se encuentra en una zona urbana de escaso tráfico, sin edificios medianeros, y a penas sin personal trabajando más que el maquinista, que se encontraba en zona segura... Sin embargo, sirve de ejemplo para exponer lo delicado que resultan los trabajos de excavación y la atención que debemos ponerles.
Como consecuencia de este desastre, hay que parar la excavación, notificar al ayuntamiento afectado del suceso, esperar a que los electricistas municipales adecúen las instalaciones arrancadas, que la empresa de aguas realice un corte correcto de las tuberías de suministro, que venga una grúa para retirar la farola, mas el posterior gasto de reponer acera, relleno, asfalto, etc.
Os pongo la foto tras la excavación para que conste que, efecivamente el nivel freático estaba ahí (en el fondo de los fosos de los ascensores) y que sólo había empezado a dar trabajo, aún daría mucho más...
Una vez más, se puede concluir sin tener que aportar nada más, que de nada sirven las prisas, y que los trabajos bien hechos, siempre estarán bien hechos.
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