martes, 31 de marzo de 2009

DESPRENDIMIENTOS DEL TERRENO

La fase de movimiento de tierras de una obra con uno o varios sótanos resulta en cualquier caso, sumamente delicada. Generalmente, desde antes del comienzo, se conocen a través del proyecto y del estudio geotécnico las dificultades y posibles riesgos que se nos van a poder presentar, para con ello, poder tomar todas las todas las medidas preventivas oportunas. Puede pasar, y de hecho, pasa muy a menudo que se subestimen estos riesgos.
En este caso me referíré a la persencia de un nivel freático muy elevado, aun cuando se trate de una excavación para sótano de apenas tres metros de profundidad.
En esta obra, se sabía que casi con toda seguridad aparecería agua durante la excavación, pero como casi siempre, el exceso de confianza por la poca entidad de la obra, la ausencia de edificios medianeros y las omnipresentes prisas, aun cuando los técnicos recomendábamos batachear, resultaron razones sobradas para finalmente concluir que se excavaba a 'pelo' y si se percibía peligro, pues ya se vería...
¡¡¡ERROR!!!
Cuando se discute con la propiedad al respecto de cómo llevar a cabo un trabajo, todo lo que suponga posponer las medidas de seguridad hasta el momento en que 'veamos que puede resultar peligroso', significa que la obra se va a realizar en su totalidad sin bataches, ya que para cuando se vea venir el peligro, (que será cuando pase algo), entonces el argumento será, que 'Ya no vale la pena... ahora lo importante es terminar cuanto antes'.
Pues bien, esto es lo que ocurre en estos casos...
Se trataba de un terreno aun más humedecido de lo que se esperaba, que además, contaba con el añadido de humedad que aportaba una fuga en las instalaciones de suministro de agua. Vamos, que el terreno estaba empapado.
¿Consecuencias? Desplome de la acera, las instalaciones urbanas; agua, iluminación, desgarro y hundimiento del asfalto, caída de la farola de alumbrado público...
Os aseguro que resulta más barato hacer las cosas bien. Y todo ello sin mencionar los riesgos innecesarios que ha de correr el personal de la obra.
En este caso, y por suerte, se trata de una obra de poca entidad que se encuentra en una zona urbana de escaso tráfico, sin edificios medianeros, y a penas sin personal trabajando más que el maquinista, que se encontraba en zona segura... Sin embargo, sirve de ejemplo para exponer lo delicado que resultan los trabajos de excavación y la atención que debemos ponerles.
Como consecuencia de este desastre, hay que parar la excavación, notificar al ayuntamiento afectado del suceso, esperar a que los electricistas municipales adecúen las instalaciones arrancadas, que la empresa de aguas realice un corte correcto de las tuberías de suministro, que venga una grúa para retirar la farola, mas el posterior gasto de reponer acera, relleno, asfalto, etc.
Os pongo la foto tras la excavación para que conste que, efecivamente el nivel freático estaba ahí (en el fondo de los fosos de los ascensores) y que sólo había empezado a dar trabajo, aún daría mucho más...
Una vez más, se puede concluir sin tener que aportar nada más, que de nada sirven las prisas, y que los trabajos bien hechos, siempre estarán bien hechos.

miércoles, 25 de marzo de 2009

ACCIDENTES NOCTURNOS

Dejar los trabajos de hormigonado para el final del día es práctica habitual, para aprovechar el tiempo de la noche o del fin de semana como tiempo de secado del hormigón.
Sin embargo, dejamos la obra sola (cuando no existe vigilancia de seguridad) en un momento delicado, ya que el fraguado y endurecimiento del hormigón depende del efectivo estado inalterable de los encofrados.
Cuando se encofran y hormigonan los pilares de planta baja, que suelen ser más altos que en el resto de las plantas, se han de apuntalar para evitar posibles desplomes durante el proceso de endurecimiento.
Si tenemos la mala suerte de ser objeto de bandalismo nocturno, y alguien se ha dedicado a patalear los puntales exteriores que son los que fijan la parte alta de los pilares, se puede llegar a echar por tierra el trabajo de toda una tarde de trabajos de replanteo, encofrado, hormigonado, aplomado y apuntalado:
A todo ello hay que añadirle el tiempo de derribo de los pilares, retirada de escombros, pedir de nuevo la armadura y... vuelta a repetir los trabajos.

Sin embargo, la pérdida de tiempo y las consecuentes prisas que esto genera, no han de ser excusa para olvidar los preceptos y realizar estas tareas de cualquier manera.

Una correcta demolición de pilares supone aún más medidas de seguridad, si cabe, que su ejecución.

En primer lugar, y antes de realizar ningún otro trabajo, se ha de asegurar la resistencia del elemento con alguna sujección que garantice su inalterabilidad una vez eliminada su base resistente.

Esto no suele realizarse en demolición común, pero en este caso, ya que contábamos con una grúa, aseguramos los trabajos sujetando el elemento con eslingas (Esto ahorra la necesidad de derribar el pilar en dos veces debido a su esbeltez).
Una correcta demolición de un pilar esbelto sin sujección del elemento total, supondría atacar su mitad para eliminar la parte superior, y luego la base del tramo inferior.
En este caso, al contar con un sistema de sujección que va a evitar su desplome espontáneo, se ataca directamente la base en toda su altura de anclaje hasta desnudar la armadura del pilar y la de espera (unos 0,70-1,00 m), dejando la armadura de espera liberada.
Esto plantea dos nuevos problemas con los trabajadores:
Uno de ellos es la posible propuesta de poner a un operario a picar el pilar para poder reutilizar las armaduras... (Economizar, prisas, aprovechar...) Da igual la excusa, es innegociable... NO.
El segundo es que las armaduras de espera también han sido seriamente dañadas por el picado y retorcido generado al inclinarse el pilar por su propio peso durante la demolición de la base, además, están totalmente impregnadas de cemento...
La primera parte de la solución es limpiarlas perfectamente y mantenerlas, pues son las que nos garantizan el anclaje con el forjado y pilar inferior, pero por sí solas, ya no garantizan la total adherencia al nuevo hormigón...
No estaría de más taladrar unas barras nuevas con longitud de anclaje y diámetros equivalente que además, habrán de verse solapadas a nuevas barras añadidas al pilar, garantizando así la adherencia al hormigón y con ello, el correcto solape con el nuevo pilar y continuidad con el resto de la estructura.
Con relación al tema, un buen libro de Derribos; claro, sencillo y muy completo.

sábado, 20 de septiembre de 2008

UNA SOLUCIÓN CUESTIONABLE, PERO UNA SOLUCIÓN AL FIN Y AL CABO.

Muchas veces ocurre que nos encontramos con soluciones a problemas constructivos, (o que tienen que ver con la edificación), que son muy cuestionables, con sus más y sus menos, sus pros y sus contras, pero nos resultan novedosos y originales, y meparece importante aprender a valorar la creatividad que aportan, ya que aunque con el tiempo siempre sean mejorables, son el comienzo de futuras soluciones mejoradas. Este verano, moviéndome por el norte encontramos una solución curiosa y sobretodo novedosa, al común problema de falta de espacio en el acceso de un edificio. En principio, este es un portal que puede resultar convencional, sin ambargo, si nos fijamos, en seguida nos llama la atención un disco que prohibe aparcar y nos avisa del paso de vehículos... Es entonces cuando observamos que se ha unificado la zona de zaguán con la de acceso al garaje del edificio. La puerta tiene la doble función de acceso peatonal y a la vez, cuenta con los dispositivos propios de cualquier puerta de garaje;rampa, sensor, etc. Se puede abrir en su totalidad con mando a distancia para dejar paso a los vehículos, o simplemente abrirse parcialmente con llave para el acceso de los propietarios de las viviendas. Peligroso si lo pensamos a voz de pronto, pero efectivo en lo que a ahorro de espacio se refiere. Queremos suponer que habrán previstas unas mínimas medidas de seguridad en previsión de las contínuas coincidencias que puedan producirse entre vehículos y peatones.... Y si no las hay, entonces ya tenemos la primera de las cuestiones que siempre son mejorables en cualquier solución no convencional.

jueves, 12 de junio de 2008

EL TÉCNICO CONOCEDOR DE TODO??

¿Es posible controlar hasta el último de los detalles que ocurren en la obra? ¿Vale la pena contratar ejecutores de obra sin experiencia o de reputación desconocida porque ofrecen un presupuesto algo más reducido que el resto?
Así debería ser ¿no? Se contratan profesionales, confiando en que son profesionales, porque a la larga, vamos a ser responsables de todo aquello que hagan... Tanto de lo que vemos, como de lo que no...
Pues no, desgraciadamente tuve la ocasión de comprobar hasta qué punto debemos convertirnos en niñeras de aquellos que construyen las obras de las que somos responsables, especialmente si desconocemos como trabajan, porque a veces, pueden llegar a ser de todo menos profesionales...
Estábamos construyendo un muro de sótano para un garaje de dos alturas y su respectiva losa de cimentación por bataches; ya se estaban ejecutando los últimos.
Entre varios técnicos; que ya veníamos escarmentados, controlábamos cada uno de los tramos antes de que se hormigonaran, porque la empresa que construía no era demasiado fina. Sin embargo, siempre hay algún tramo de esos que ni tú ni yo... Al final ninguno podemos. No llegamos a revisar el hormigonado de uno de los últimos tramos de losa de cimentación.
Por suerte, uno de los operarios de la empresa de movimiento de tierras, que ya conocemos de obras anteriores me puso enseguida sobre aviso: ¡¡¡Han hormigonado la losa sin armarla!!!...
¿Qué cara se te queda después de esto? No me lo podía creer... Entre todas las chapuzas posibles e imaginables, no hubiese sido capaz de prever algo así; montajes erróneos, ausencia de solapes, inexistencia de recubrimientos... ¿Qué sé yo? Miles de chapuzas posibles, pero... ni si quiera armarla...
Pues efectivamente, además me envió unas fotos que, aunque poco claras porque se hicieron con móvil, fueron el único chantaje con el que poder obligar al ejecutor de este 'delito' a ceder y picar unos 6-7 m2 de losa de 80 cm de espesor, la armase y la hormigonase correctamente, ya que negó este hecho hasta la saciedad, y sólo cuando le dije que contaba con estas fotos, dió el brazo a torcer excusándose en sus operarios y en que él no sabía nada del asunto.
Lo más duro de todo esto es que, por poder mantener la mentira hasta el final, echó a la calle a dichos operarios, cuando por varias fuentes supe que él mismo fue quien pidió el hormigón sin cercionarse de que todo estaba preparado, y al ver que el camión llegaba y no estar ni un sólo hierro puesto en su lugar, les obligó a echar al hueco todas las barras sueltas que encontraran por ahí, colocaran el enano del pilar 'en su sitio' y hormigonaran.
Así que, con el tiempo, y conforme la estructura hubiese ido creciendo en tamaño y peso, ese pilar no hubiese tardado mucho en clavarse en el terreno literalmente, al no tener ningún tipo de trabazón con la losa de cimentación y con las patologías inmediatas que ello supone... No quiero ni pensar el dinero, el tiempo y el peligro que, la imposibilidad de convertirnos en guardias eternos de cada una de las obras que podemos llevar adelante, puede suponer una imprudencia de este tamaño para nosotros, para el promotor y para quienes en un futuro vayan a habitar estas viviendas.
¿Quién es responsable de esto? ¿Nosotros por no poder estar siempre durante el hormigonado de cada uno de los pequeños trozos de estructura de un muro ejecutado por bataches? ¿El promotor por contratar a unos verdaderos chapuzas? ¿El chapuza en cestión?
Lo que sí tengo muy claro es que no se deja uno la vida en intentar controlar hasta el último hierro que se coloca en una estructura, para poder hacer las cosas conforme le han enseñado y ha aprendido que es lo técnicamente más correcto, para tener que soportar que luego le venga un 'elemento' a preguntarle por qué el hormigón no se puede echar directamente desde seis metros de altura, o porqué no se puede hormigonar con un hormigón que llegó a la obra hace tres horas y media. (Por suerte, 'elementos' como este no me los encuentro todos los días...)

jueves, 5 de junio de 2008

EJECUCIÓN DE UNA CUBIERTA PLANA

Las posibilidades de composición de una cubierta plana son muchas, sin embargo, suelen existir elementos comunes a todas ellas, que sólo varían en el orden de colocación o en el hecho de si se colocan o no. Se trata de un elemento constructivo que me resulta interesante por delicado. Hasta hace poco se controlaba a través de la QB-90, la cual, ha pasado a ser sustituida por el CTE en la parte que se hace referencia a la Salubridad; el DB-HS. En esta ocasión, me voy a limitar exclusivamente a las cubiertas más usuales en edificios de viviendas en zonas calurosas y costeras; la plana transitable y la no transitable. La cubierta plana transitable se compone básicamente de formación de pendientes (en caso de no habérsela dado con el hormigonado del forjado, cosa que no suele hacerse), suele constituirse con hormigón aligerado, que tiene un aspecto similar a un mousse generado por el aire ocluido que contiene, o bien con Arlita, que es un aligerante arcilloso en forma de bolas, de colocación bastante más dificultosa, por lo que se suele utilizar para cubiertas pequeñas. Las pendientes se consiguen ejecutando previamente un encofrado de ladrillo cerámico a modo de guía. Como este es un material tan débil, se le puede hacer un enlucido de cemento de unos 2 cm de espesor que sirva de soporte regulador para las capas siguientes, y le dé algo de resistencia, ya que en el hormigón celular, se quedan marcadas hasta las huellas si se anda por encima, llegando a destrozarse su superficie si se abusa. A continuación se puede colocar una barrera de vapor que yo, personalmente, nunca he tenido el gusto de colocar. Se hace uso de ella cuando el cálculo prevé condensaciones en el interior del edificio. Posteriormente, se coloca la lámina impermeable, que por lo general, suele ser monocapa no adherida (esto, en zonas del sureste español). Se coloca directamente sobre el soporte que hemos preparado de cemento. Se procura una correcta adherencia a todos los paramentos y resto de puntos singulares existentes. La norma exige que se prolongue verticalmente hasta 20 cm por encima de la protección, por lo que hay que dejar más para que al colocar el resto de capas no nos falte altura. Si la cubierta no va a llevar protección pesada (pavimento) conviene colocar una banda de protección de unos 50-60 cm bordeando todos los encuentros de la cubierta con los paramentos verticales, constituida por lámina impermeabilizante autoprotegida. A partir de aquí, hay tanta variedad como gustos. Hay ocasiones en las que la formación de pendientes también conforma el aislamiento térmico, pero lo habitual es colocar placas de poliestireno extruido que vienen preparadas con un machihembrado que sirve para enlazarlas entre sí. Esta disposición de capas es la que constituye la cubierta invertida, cuya característica única es que el aislamiento térmico va sobre la impermeabilización, protegiéndola a su vez. A la cubierta que lleva el aislamiento térmico bajo la impermeabilización se le llama convencional. La lámina impermeable es un material tan delicado, que si no se va a colocar la siguiente capa al día siguiente de su colocación, conviene protegerla con arena, ya que se empieza a degradar rápidamente a causa del sol y la luz desde justo después de su colocación. En aproximadamente 3-4 dias de sol, ya se ha resecado y fisurado peligrosamente. Si la cubierta es transitable, ahora viene la capa de protección, que se conforma colocando una capa separadora o geotextil, que proteja el aislamiento térmico, y la capa de mortero de cemento con la que se va a recibir el pavimento de acabado, que servirá de protección. También se puede colocar sobre un lecho de arena y rellenando las juntas de las piezas del mismo material; protege igualmente y permite que las dilataciones de las piezas del pavimento se vean menos coaccionadas por el mortero. Sin embargo esto se hace poco. Si la cubierta es no transitable, sobre el geotextil se coloca grava de canto rodado, asegurándonos que el geotextil es filtrante para que deje pasar el agua de lluvia, pero no los áridos ni finos. Hay un caso común de cubierta no transitable en la que la protección está constituida por otra capa de lámina impermeable autoprotegida, y son las torretas de los edificios de vivienda, donde no se coloca aislamiento térmico y la pendiente que se le suele dar al este forjado, no admite colocación de grava. Existen muchas páginas interesantes sobre este tema, donde vienen detalladas en mayor o menor medida todas las soluciones más utilizadas, pero en estas tres es donde mayor y mejor documentación he encontrado (Son fabricantes de productos impermeabilizantes): http://www.chova.com/ http://www.composan.com/ http://www.danosa.com/